Aug. 7, 2023

Presión laboral, burnout y aprender a tomarte breaks para mejorar en tu trabajo | Oka Giner | 299

La actriz Oka Giner regresa a DEMENTES después de dos años y varios proyectos más en su trayectoria. Con la convicción de que no hay que tenerle miedo a la vida y que si lo puedes soñar lo puedes crear, Oka regresa con una perspectiva nueva sobre muchas cosas y viene para hablarnos sobre su experiencia participando en telenovelas, la presión, la exigencia, los procesos y la otra cara del éxito.

Oka Giner es una actriz mexicana originaria de Camargo, Chihuahua, y ha participado en numerosas series de televisión y telenovelas. Estudió en el CEA de Televisa y ha participado en producciones como “La Venganza de las Juanas” y “Madre sólo hay dos”, estas últimas originales de Netflix. También ha participado en las telenovelas “Corazón Guerrero” y “Perdona nuestros pecados”. En este episodio hablamos sobre su experiencia en telenovelas, lidiar con la presión, aprender a descansar, recordar nuestros sueños y vivir con el éxito.

 

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Transcript

Diego Barrazas: A ver, Oka, cuéntame. ¿Qué ha cambiado desde la última vez que platicamos? Vamos a empezar por ahí. Grabamos en julio 2021.

Oka Giner: Todo. Fíjate. Dos años ya.

DB: Estás casada.

OG: Me casé. ¿Te acuerdas que te dije que era pésima invirtiendo en cosas?

DB: Ajá. Pero tienes algo que ahora sí está funcionando.

OG: Estoy muy orgullosa de mí. Puse un indoor cycling en Cuernavaca. También tenemos yoga. Y le está yendo muy bien. Apenas abrimos hace... Vamos a cumplir el mes, pero es el primer emprendimiento que funciona...

DB: Y no tienes que estar ahí aparte, porque es lo que platicábamos.

OG: Bueno, hay que estar ahí, pero tengo dos socias, entonces...

DB: Porque por ejemplo, platicamos en su momento el no tener que estar tú todo el tiempo haciendo eso para que puedas hacer tu chamba, chamba, ¿no?

OG: Exacto, sí, sí, sí. Y tengo dos socias que lo entienden perfectamente bien. Me dijeron “sabemos que no vas a estar aquí metida porque qué demonios vas a hacer tú”. O sea, no sé manejar un negocio. Pero pues ahí estoy. Ahí estoy. Y nos está yendo muy bien.

DB: ¿Cómo llegaste a eso?

OG: Un sueño de una amiga que un día llegó a mi departamento y me dice “oye, ¿qué crees? Me quiero hacer la emprendedora”. Entonces desde ahí yo dije “ay, Dios mío”. En mi cabeza ya estaba haciendo un juicio de valor.  O sea, iba a escucharla, pero me iba a reír de su emprendimiento. Entonces me lo empieza a plantear…

DB: ¿Ella históricamente había hecho algo más? O sea, tenías como un criterio de decir...

OG: Históricamente no toma las mejores decisiones, ¿no?

DB: Saludos.

OG: Y me empieza a plantear el negocio. Me enseña… Bueno, ella llegó súper profesional. Me enseña casi que... No sé si se diga PowerPoint, pero me enseña la presentación y digo “se escucha súper interesante”. Me dice “sí, pero esto lo estoy haciendo con otra amiga y nos falta un tercer socio, entonces el novio de mi amiga le quiere entrar, pero ella no quiere porque ya sabes, relaciones, luego se complica todo”. Y le dije “¿y qué te parezco yo?”  Y me dijo “sí, pues por eso te lo estoy pichando”. Y yo “ah, perfecto, estoy dentro”.  Entonces así fue como llegó. Y me sorprendió mucho porque obviamente yo no estuve en todo el proceso creativo, en la remodelación que hicieron para el local y todo eso. Y el día que fuimos a la inauguración, y yo no estuve presente porque estaba grabando, entonces no es que no estaba interesada, simplemente no podía. Y el día que fuimos a la inauguración yo dije ¿qué es esto? O sea... Me sorprendió verlo. Mucho, mucho, mucho. Y se lo dije. Le dije “no sabes lo orgullosa que estoy de ti, porque aparte cuando llegaste a contarme tu emprendimiento, yo me quería reír de ti, la verdad, y me callaste la boca, me la callaste cabrón”.

DB: Qué padre. Y entonces ahorita el plan con eso es mantenerlo ahí, seguirlo creciendo poco a poco. ¿Te vas a involucrar más? ¿O está funcionando bien sin ti?

OG: No, no, no, sí me quiero involucrar más. De hecho, me estoy involucrando más. Igualito funciona sin mí, tampoco es que soy pieza clave ni indispensable, pero sí me gustaría involucrarme más. Lo hemos platicado mucho, creo que es un negocio que se puede replicar en muchas partes, pero hay que crecerlo para que eso pase, porque...

DB: Y ahorita también tienes tu emprendimiento, que son las velas, ¿no?

OG: Que eso surge a raíz de no poder estar quieta, Diego. No me sé estar quieta. Me estoy obligando a descansar, a tomar una pausa, y un buen día en Facebook me salió un curso de velas por 200 pesos, y yo dije “siempre me han gustado las velas, 200 pesos, claro que sí”, le piqué, y en cuanto lo compro me dice “¿quieres tu kit para empezar tus velas?” Y dije “claro, wey, ¿con qué voy a empezar las velas?” Y así se me fue, ya llevo un dineral invertido en velas, porque entonces descubrí que mi pasión son las velas que parecen comida, entonces para eso hay que comprar moldes, colorantes, aromas, bueno, ya, se está yendo todo lo que gané en los últimos años en mi negocio.

DB: En tu casa ya no hacen falta velas, ¿cuándo se te van a acabar? Nunca.

OG: Nunca, porque aparte no sé, me pasa algo muy raro, pero les tengo como un cariño especial, entonces no quiero que se vayan de mi vida. Me duele, no las quiero prender tampoco porque están todas bonitas. Entonces ahí estoy acumulando velas y Nacho dice “por favor contrátenla porque...”

DB: Antes de que se acabe la casa.

OG: Exacto.

DB: Oye, a ver, ¿y por qué tuviste que tomar este break? ¿Qué pasó? Estamos con que te casaste, empezaste esto, tuviste que tomar un break y nos iremos por partes, pero ¿qué pasó?

OG: Terminé un proyecto que fue muy, muy difícil. La pasé realmente mal. Y no había parado. Desde que te vi, no he parado. Casi casi me ligo de un proyecto a otro. Aparte, súmale que estaba planificando una boda. Y yo muy sagitariamente creía que yo todo lo puedo. Y a mitad del camino descubrí que no podía un coño. Bueno, sí pude, al final del día sí pude, pero me costó mucho trabajo. Terminé colapsada mental, emocional y todomente. Terminé muy deprimida también. Colapsé feo, feo, feo, feo.

DB: Fue poco tiempo después de que te casaste también, que acabaste el proyecto.

OG: Exacto. O sea, el proyecto duró cinco meses y medio. Por ahí del mes tres, yo ya no era yo. Y la boda pasó en el mes dos. Entonces ahí todavía...

DB: Justo antes de...

OG: Exacto.

DB: Y un mes antes de la boda, dos meses antes de la boda, tuviste lo de la TED Talk, que también tuviste que hacer esa cosa.

OG: Es que es lo que te digo, no me sé estar quieta. Entonces creo que ya era justo y necesario, pero siendo muy realistas, si estoy quieta, no sé qué hacer conmigo. Entonces por eso vinieron las velas.

DB: ¿Cuál era el nivel de intensidad de ese proyecto? ¿Por qué sentiste esto que te pasó?

OG: Bueno, porque de la última vez que platicamos, recuerdo que dije “por favor, si eres productor y me quieres en tu telenovela, llámame”. Pues eso pasó. Pero creo que tenía yo mucho tiempo alejada del mundo de la telenovela.

DB: Te querías alejar. Incluso como que tenías en ese momento una percepción diferente a la que le tienes hoy. Te escuché platicar un poco sobre eso que me platicas, pero sí, ¿no? Estabas con otra mentalidad de decir...

OG: Hoy soy otra, ¿eh? Hoy tengo otra mentalidad cabrón. Creo que también me compré esa mentalidad y ese estigma que se le tiene al hacer telenovelas, porque en el medio creemos que no es lo mejor, que una serie está mejor producida, mejor actuada, mejor todo. Entonces, tú quieres estar ahí.

DB: Yo creo que es equivalente ser fotógrafo y menospreciar al fotógrafo de una boda o al fotógrafo que hace videos musicales porque no es cine o no es tal, ¿no?

OG: Exacto. Y uno se las quería dar del artista y “yo hago arte”, y entonces una telenovela puede que no sea arte, ¿no? Entonces, estaba como construyendo un camino por las series y todo esto. Y de repente me invitan a hacer una telenovela. Ahí tengo todo un proceso que yo decía “híjole, es que después de hacer esto, ¿regresar a la telenovela será como retroceder o qué?”. Entonces fue bien interesante ese proceso de entender, reconectar con dónde empezó el sueño, porque siendo bien realistas, mi sueño comienza a los seis años en Camargo viendo telenovelas y soñándome en las telenovelas y quería hacer la de las nueve de la noche. Y no sé, tuve como un viajesote donde pensaba mucho en mi papá y en lo orgulloso que él estaría de verme cumplir ese sueño. Entonces, creo que desde ahí dije “ese es mi sueño, wey, ¿en qué momento me perdí del sueño y lo tengo aquí?” Entonces, ¿por qué no aceptar el reto? Y un proceso de hacer a un lado el ego, porque mi ego venía y me susurraba como de “oye, pero tú ya haces series” Era como “cállate, wey”.

DB: Me parece que llevabas como tres en línea, ¿no? O sea, llegabas de Madre solo hay dos, luego estuvo La venganza de las Juanas, Y luego Donde hubo fuego.

OG: Y luego estrené en HBO Max, Ninis. O sea, era como...

DB: Pero bueno, Ninis fue como una cosa que viajó en el tiempo, ¿no?

OG: Exacto, viajó súper en el tiempo.

DB: ¿Porque se grabó cuánto tiempo antes?

OG: Antes de la pandemia, incluso, 2019 la grabamos. Pero batallaron muchísimo en venderla. Y al final la terminó comprando a HBO y estrenó por ahí, entonces yo me sentía la reina del streaming.

DB: Sí, porque salías en todos lados. ¿No?

OG: Claro. O sea, estaba yo en una racha imparable. Entonces cuando llega la oportunidad de hacer telenovela, transito todo esto que te estoy diciendo, como de reconectar con eso, de recordar.

DB: Pero pausa. ¿Te buscan, llegan y te dicen “oye, me gustaría trabajar contigo otra vez o te queremos para esto”? ¿Cómo llega esta oportunidad?

OG: Es que fue muy chistoso. Estas dos oportunidades que llegan fue muy chistoso porque aparte también me dio un poquito en el ego. Es la primera vez que me llaman para proyectos sin hacer un casting siquiera.  Entonces yo dije…

DB: Ándale. Es otra cosa.

OG: Exacto, exacto. Entonces por ahí como que me sentí querida, me sentí como valorada.

DB: O sea, sí sirvió el haber hecho estas cosas de streaming antes, o sea, sí te cambió de terreno de juego, si lo quieres llamar así, te dio cierto status en la industria.

OG: No estoy 100% convencida de que haya sido por eso, pero algo pasó. Algo pasó donde la gente ya conocía mi trabajo, y sin hacer casting me llamaron para sumarme al proyecto. Entonces dije “órale, va”. Y te digo, me recordaba mucho a mi papá, de todo lo que construimos, de todo el sueño. Entonces lo acepté, acepté el reto. Fueron dos novelas las que me eché casi que seguidas. En la primera, todo bien. Mi rol no era el rol principal. Era uno de los principales. Eran seis, pero la pareja protagónica eran otros. Entonces no era tan mi pedo. Y la pasé de puta madre. O sea, me dejaban hacer lo que yo sé hacer. Le quise impregnar mi naturalismo a la telenovela. Me la pasé muy bien. Me la pasé muy bien. Era como muy juvenil. Como muy cool. La verdad es que...

DB: ¿Y el ambiente en el set y todo?

OG: Increíble. O sea, yo me la pasaba jiji, jaja y todo muy cool. Entonces, cuando llega la segunda oportunidad, también en el ego me dieron. Aquí pasó algo bien interesante, porque a veces uno siente que el esfuerzo y el trabajo no valieron la pena. Hace dos años yo había hecho un casting para esta productora en Televisa. Y me acuerdo que llegué...

OG: ¿Persona o empresa productora?

DB: A la productora mujer persona que iba a producir esta telenovela. Hace dos años yo había hecho un casting para ella, para una telenovela que hizo antes que ésta. Y casteé, Diego, como desde las 10 de la mañana hasta las 6 de la tarde. O sea, una cosa así. Todo el maldito día.

DB: ¿Te hicieron repetir muchas cosas o a qué te refieres?

OG: Lo que pasa es que llego a castear a un personaje y el director me dice “¿sabes qué? Aguántame, no te vayas, quiero verte en otro personaje. Pasan todos los de ese personaje, te esperas y luego ya vas a ser el siguiente personaje ese día”. Entonces yo dije “me voy a quedar porque ya me pidieron”. Empecé con uno y luego con otro. Terminé casteando cinco personajes ese día. Y dije “ya, wey, algo es mío”. Y pues no. Nada.. No me llamaron. 

DB: Gracias, pero no gracias. Nada. 

OG: Y yo decía, “wey, pero estuve ahí todo el día, casteé todos los personajes”. O sea, ahí en ese momento yo dije “no sirvió de nada, hice un extra esfuerzo por estar aquí todo el maldito día casteando todos los personajes, uno era que si una bipolar, la otra una deprimida, en polos opuestos, wey. Estuve ahí todo el día dando lo mejor de mí y al final no me llamaron”.

DB: ¿Te dieron retro? ¿Te dijeron algo?

OG: Nada. Nada. No lo hacen, nunca. Y no sé si prefiero que no lo hagan. No sé si lo prefiero porque te puedes hacer muchas chaquetas mentales y entonces empezar a pensar que fue porque no estabas lo suficientemente preparada, porque a lo mejor la cagaste en los cinco que casteaste. No sé. Trato de hacer el ejercicio de olvidarme y ya. Y listo. Entonces llamé a esta señora, me cita en su oficina y me dice “mira, hace dos años tú hiciste un casting para mí que yo nunca olvidé. Te puse a castear a cinco personajes y todos me los diste distintos.”

DB: O sea, se acordó.

OG: Exacto. 

DB: Chingón. O sea, bueno, en ese momento, qué chingón.

OG: En el momento en el que pasó y no me llamaron yo dije “wey, de nada sirvió el esfuerzo”. Pero entonces estas historias mágicas que luego nos contaban en las clases como de siempre da lo mejor de ti porque nunca sabes quién te está viendo, eso llegó a mi mente. Dije “no mames, sí valió la pena entonces”. Dos años después, pero esta señora se sigue acordando de ese casting que yo le hice donde...

DB: Sí, cuánta gente no pasa en frente de ella.

OG: Exacto. Y se acordó de mí. Entonces me dijo “yo quiero que estés en mi historia, te quiero a ti. Sin casting, sin nada otra vez.” Una chapita al ego, ahuevo. Me dice básicamente “léela y el personaje que tú quieras es tuyo”. Me dice “pero yo te quiero para Elsa”, que era el protagónico. Entonces yo empiezo a leer los capítulos y ejercí un juicio de valor muy tonto porque no sé, creo que leí por encimita, porque no sabía el pedote en el que me estaba metiendo. O sea, yo veo la clásica historia de la niña rica que se enamora del pobre y van a luchar por su amor y su papá no los quiere juntos por juicios de prejuicios de clases sociales.

DB: Sí, como tú con Nacho.

OG: Exacto. Adopta un venezolano, es lo mejor que te va a pasar. Entonces ejercí un juicio de valor y dije “qué hueva, wey, la misma historia de siempre”. A ver, yo nunca he sido villana. ¿Por qué no una de estas dos villanas que hay por acá? Entonces le llamo y le digo “quiero una villana”. “¿Segura? Porque yo te veo en Elsa, pero como tú quieras”. Y yo “sí, sí quiero una villana, es que nunca he sido villana.” “Pero es que tú no tienes cara de villana.” “Yo puedo ser una gran villana, dame la oportunidad.” “Bueno, como tú quieras, pero es que yo de verdad te veo en Elsa”. Y entonces empieza a haber como una insistencia de que “pero y Elsa, y Elsa, y Elsa”. Y dije, Ok.

DB: O sea, como que dijo “que Oka trate lo que quiere, pero vamos llevándola hacia donde queremos que sea”.

OG: Sí, me engañó ese escoge tú. O sea, yo creo que en su mente dijo “va a querer la protagonista, obviamente”.  Y yo “no, no, no, la villana”.  Entonces, bueno, en algún momento entendí las señales y las indirectas de la señora quiere que sea Elsa. O sea, cállate el hocico y sé Elsa. Pero entonces yo otra vez ejerzo un juicio de valor bien tonto y dije “bueno ya este personaje me lo conozco, la rica que se enamora del pobre, en mis inicios a eso me dedicaba a hacer este tipo de historias, esto ya lo sé, lo transito perfectamente.” Ándale, Diego, que llegó el día 1 a mi llamado. Día 1. Día 1 y yo quise renunciar.

DB: ¿Por qué?

OG: Porque me fue como nunca me había ido en mi vida de mal.

DB: ¿Pero no estudiaste?

OG: Sí, claro. Yo estudio, me preparo, creo mi personaje. Y voy súper preparada. Cometí el error de querer impregnar mi naturalismo a la telenovela. Entonces, desde la escena 1, empieza a grabar y la señora me empieza a decir “no te creo”.

DB: La misma que te casteó, la misma que te invitó.

OG: Exacto. La productora me empieza a decir “no te creo, no te creo, no te creo, no te creo, no te creo, no te creo”. Y todo era un no te creo, no te creo.

DB: O sea, decías una línea y te decían “no me la estás vendiendo”.

OG: “Enójate, enójate más”. Y entonces empiezo a colapsar. Yo veía a mi director escondido atrás de una cámara y me decía “a mí me gusta lo que haces, pero hazle caso a la jefa”. Entonces yo decía “qué loco”, porque todo el mundo estábamos como “¿qué demonios está pasando?”

DB: Pero ¿sí intentabas hacer lo que te decía? ¿O también tú decías “es que no va por ahí, yo quiero hacerlo así”?

OG: Eran mis huevos, la verdad. Porque yo entendía que ella me quería más arriba. O sea, su “no te creo” significaba “necesito el tono más arriba”. Luego lo entendí y ahorita te voy a decir por qué funciona así. Pero entonces a mí, mi ego de actriz, no me dejaba irme hasta ese tono porque yo decía “no, no, no, yo soy una actriz realista, yo no me voy a ir ahí porque qué vergüenza”.

DB: O sea, ¿un ejemplo de esto sería qué? O sea, como una línea que haría de una forma… De lo que sería así contra lo que tú estabas haciendo.

OG: Un extremo es la maldita lisiada. “¿Qué haces besando a la lisiada?” Esa frase tan icónica de Itati Cantoral que se va al cielo. Eso es un muy extremo. Pon tú que a la mitad. O sea, un tono como sí intenso, pero a la mitad de eso.

DB: Y tú estabas haciendo todavía más…

OG: No, no, yo aquí “no, no, que se escuche real”.  Me costó mucho trabajo ese primer día. Yo salí muy frustrada porque yo decía “¿por qué me contratas si no me crees?”  Ese día quiero renunciar. Le llamo a mi manager y le dije “¿es que sabes qué? Yo no entiendo”. Luego la conozco mejor y entiendo que no era un “no te creo” lo que quería decir, sino “necesito más arriba”. Y todo tenía una razón de ser. Yo le llamo a mi manager y le digo “es que yo no sé qué hago aquí, me dice ‘no te creo’. Yo no sé qué hago aquí.” Entonces, o sea, pensé que ya conocía mi trabajo. O sea, me dijiste que nunca te olvidaste de mi casting y yo lloraba. Es que no sé si voy a poder. Y esto es día uno. Me quedan seis meses de esto.

DB: ¿Y lograron grabar ese primer día o no acabaron?

OG: Logré acabar, pero me acuerdo que al final, o sea, yo corto como a mediodía después de comer y voy y le digo “muchas gracias por todo, nos vemos mañana”.

DB: Y ella en su cara me dijo como “mierda, me equivoqué contigo”. O sea, fue como muy fuerte. A lo mejor eso fue lo que yo interpreté y ella estaba pensando en dónde íbamos a grabar mañana. Qué sé yo. Pero en ese momento tan sensible y tan vulnerable, yo todo me lo tomaba personal. Hablo con mi coprotagonista, Emmanuel Palomares, que también le fue mal. A todos. “No te creo, no te creo, no te creo”. Y entonces hablo con él y le digo “creo que voy a renunciar”. Y me dice “piénsala bien, obviamente me daría mucha tristeza que te vayas, yo quiero trabajar contigo, pero hagamos un trato”. Y me pareció demasiado lindo de su parte. Me dice “creo que lo que quiere es un tono más arriba y yo sé que nos cuesta porque tenemos miedo a ridiculizarnos, pero hagamos una cosa. O triunfamos juntos o hacemos el pinche ridículo juntos. ¿Te parece bien?” Y yo llorando le digo “órale, va, te la compro”. Y entonces yo le decía a Nacho “¿cómo voy a renunciar cuando tengo un compañero tan chido, wey? No, ni madre. Estamos juntos en el camino y vámonos”. Me costó tanto trabajo.

DB: ¿Le llegaste a decir a ella “me voy a ir”?

OG: No, nunca llegué a ese punto. Pero sí hubo compañeras que fueron y le renunciaron. Así de “córreme, córreme ahorita”. Ella les dijo “no te puedo correr, no te puedo correr, ya arrancamos, ya no te puedes ir, llega a lo que te estoy pidiendo”. Es que todos estábamos… Todos. Todos, Diego. O sea, nadie entendíamos nada. En algún momento yo le comento “¿sabes qué? ¿Qué te parece si contrato un coach?” Me dice “perfecto”. Entonces yo llamo a un coach, ¿no? Y aquí empieza mi martirio. Yo contrato a una coach que ha trabajado muchas veces en telenovelas. Y entonces ella me decía “Oka, el tema es el tono, es lo que no saben explicar. Tú estás en un tono muy realista y te voy a decir una cosa. La teoría de la gente que ve telenovelas es la siguiente. La gente no ve telenovelas. La gente escucha telenovelas”. Porque, por ejemplo, una señora... Y me pasó el otro día. Fui a una tiendita y estaban escuchando mi telenovela. Fue muy chistoso porque se tardó tiempo y “¡Ay, tú eres la que está ahí!” Ella escucha las telenovelas.

DB: Sí, como que lo ves lejecitos y estás haciendo otra cosa.

OG: Exacto.

DB: Y como que volteas cada cierto tiempo...

OK: Sí, sí, sí. O sea, ¿qué está pasando? O sea, la teoría es esa. Que la gente que ve telenovelas esté ocupada haciendo cosas. Llámale atendiendo la tiendita, llámale atendiendo a los hijos, dándoles de comer, llámale lo que tú quieras.

DB: No lo había pensado, pero sí es cierto.

OG: Pero están escuchando la telenovela. No la están viendo. Ponen la tele como para que les haga ruido. Y por eso se repite a veces. O sea, no es tan fácil que te pierdas. O sea, evitan que te pierdas porque te repitan algunas cosas. Y hay escenas que son muy informativas de... “Recuerdas cuando Luis Carlos...” Oh, no, recuérdame. ¿Ya sabes? Y el tono tiene que ser así para que te presten atención, porque si entonces hablas como hablamos en la vida día a día, pues se perdió todo. Entonces, esa es la intención de que todo vaya hacia arriba y todo sea un melodrama y todo gritado. Bueno, no gritado, pero todo muy sentido, todo muy dolido, todo muy intenso. Que te escuchen. Me decía “quiero que pienses que la gente no te está viendo, te está escuchando y que el tono lo tienes que llevar arriba porque si no, no funcionas para telenovela”. O sea, “gracias, hermana, por querer impregnarle tu realismo, esto no funciona aquí”. Y también descubres que la gente que ve telenovelas es gente que está dispuesta a compararse que el argentino es mexicano, así tenga acento argentino.

DB: Sí, sí, sí. No te va a criticar. Les da igual.

OG: Es caer en una convención. Y les encanta. O sea, por ejemplo, yo veía, una vez hice este ejercicio y veía a mi hermana viendo una telenovela. Y entonces llegaba el protagonista con un antifaz, pero nada más. Y con el antifaz la gente no sabía que era él. Él llegó en caballo y se roba la novia que estaba a punto de casarse y se la lleva. Y todo el mundo decía “¿quién será el hombre en el caballo?” Entonces mi hermana decía “¡ay no mames! Está buenísima. A ver, ¿y luego qué más?” Entonces es gente que se compra las convenciones de la telenovela. Entonces ahí entendí que uno, era mi ego de decir “no, qué oso”. Entonces esta coach mía me decía…

DB: Que debías revolucionar la forma de hacer novelas. 

OG: Exacto. Y era como de, no. Las novelas tienen una razón de ser y tienen años. Antes de que tú nacieras incluso. Entonces no quieras revolucionar nada. Y siguen funcionando. Y siguen funcionando. Porque para todo hay mercado. Hay mercado para las series, hay mercado para las telenovelas. La gente que ve telenovelas es súper fiel a sus telenovelas. Pero entonces esta coach, aparte de llevarme al tono, y me decía “el tema tuyo es un tema de ego, Oka, porque tu actriz no te permite ridiculizarte y ese es un tema de tu ego”. ¿Quién va a ver tu telenovela? Cuéntame. ¿Tus amigos?” “No, mis amigos no ven telenovelas” “¿Tu mamá?” “Sí, mi mamá sí”. “¿Tu hermana?” “Sí, también. También ve telenovelas”. “¿Quién más?” “Pues no sé. O sea, como que en mi círculo no ven telenovelas”. “Entonces, ¿cuál es el pedo, wey? Vete como gorda en tobogán”. Para empezar tuve que hacer ese switch. En segundo lugar, esta coach no venía a jugar. Cobraba bastante bien como para venir a jugar. Y se tocaban temas bien rudos, Diego. O sea, este personaje era un personaje que vivía con un papá que tomaba las decisiones por todo el mundo, que era un maldito, que en algún momento se embaraza del pobre y entonces la lleva a abortar. Pero la lleva casi que de las greñas, a abortar. Y entonces, por ejemplo, en esa escena esta coach mía me decía “¿por qué es importante esta escena? ¿Tú sabes cuántas mujeres quedan en una cama como estas porque el aborto no es legal en todos los estados de nuestro país? Y entonces, ta, ta, ta, y el aborto, y ta, ta, ta, y el abuso, y ta, ta, ta, patriarcado, ta, ta”. Y me llevaba a unos lugares… Y entonces esto es importante porque a veces la gente que ve las telenovelas no tiene el acceso a la información. Por eso es importante que contemos esto. Nada de lo que está escrito aquí está por estar. O sea, luego nos echamos unos speeches así de “la educación de un país es lo que mantiene fuerte al país”. O sea, como cosas que hay que informar.

DB: Mensajes entre comillas subliminales, pero no. Dentro de la misma historia te voy contando cosas que tienes que saber.

OG: Exacto. Todo está ahí por una razón de ser. Entonces me decía “imagínate una niña que esté pasando por esto, lo importante que es que sepa que hay opciones, no sé qué, y ta, ta, ta”. Wey, yo acababa, bueno, una berreando, dos ataques de pánico, ataques de ansiedad. Y te estoy hablando que yo me echaba 35 escenas al día en este pedo. Trabajándolas así de intenso. Y todas las cosas que le pasaron al personaje eran horrorosas.

DB: Ya. Y las ibas como absorbiendo. 

OG: Sí, wey. O sea, todo viviéndolo. Porque la coach ahí, dale, dale, dale. Y claro, ese era su trabajo, ¿no? Y entonces entre el siéntelo, y aparte, llégale al tono. Era una cosa que me llevó a terminar muy mal. Llegó un momento, porque aparte, esta es la otra, o sea, no hay manera humana de que alguien llore lo que quiera que llore una protagonista. Es cabrón. Es cabrón. Y entonces yo no tengo una técnica para llorar, wey, que luego lo platicaba con Erika Buenfil, por ejemplo, que me decía, “mira y respiras”, y lloraba, y yo... A ver, y respiro, y nada, y no viene, y no sale, y yo... ¡Mierda! Es vivir con toda esa frustración.

DB: ¿Tú no sabes llorar tú sola?

OG: No, yo sé llorar cuando siento el texto. Tienes que meterte en el papel. Pero es que es otro pedo, wey. Porque, por ejemplo, en una serie donde viene la lágrima y tal, la cámara trabaja para ti. Acá nosotros trabajamos para la cámara. Entonces déjame explicar este pedo. La cámara hace emplazamientos, entonces todo te protege. En una serie, en una película, En la televisión, no. Las cámaras están fijas. Y entonces tú estás aquí todo el tiempo trabajando para la cámara. Entonces me pasó en una de las escenas, por ejemplo, que tengo aquí mi cámara y mi lágrima empieza a caer por acá.

DB: Por el otro lado.

OG: Y a mí me vale madre, yo no estoy consciente de eso. Y entonces Emanuel, todo bello, me agarra la cara y me lo empieza a hacer así. Y en ese momento, dentro de la escena, en ese momento me sacas, wey. O sea, yo ya estaba sintiendo el dolor y dejando mi lagrimita. Y me sacó. Y entonces termina la escena y me dice “es que estaba muy bonita tu lágrima, wey, pero la sacaste por el otro ojo”. Y yo, ¿cómo hacen entonces para sacarla de un lado para el otro? Wey, demasiado. O sea, tuve que aprender demasiadas cosas. Por ejemplo, honestamente, llega un momento en el que de 35 escenas hay que llorar en 30. Y ya no te da la vida. O sea, ya no, está cabrón. O sea, a pesar de que hidrátate y tomé hasta flores de bach. 

DB: ¿Disfrutabas algo de este proceso?

OG: En este momento no estaba disfrutando nada. Y fue horrible, Diego, porque cuando estaba a punto de terminar, fue un proyecto donde te puedo decir que aprendí muchas cosas que reconfirmé, por así decirlo. Por ejemplo, yo solía ser una mujer a la que le enseñaron a competir con mujeres desde casa, desde chiquita. Y también, mientras te preparas para ser actriz, entonces tus maestros te dicen como “ustedes son amiguitas, pero allá afuera van a hacer lo que sea por quedarse con el papel de la otra”, entonces siempre era una competencia. Incluso la televisión tiene todavía ese chip de competencia. Y tú vas a los castings y estás compitiendo.

DB: Sí, como que aunque no quieras, te ponen en ese set que te hace sentirte así.

OG: Sí, muy fuerte. Entonces cuando yo hago La Venganza de las Juanas, por ejemplo, que al principio antes de empezar a grabar yo decía “¡mierda, wey! Somos cinco viejas con un rol protagónico a las cinco, una más famosa que la otra, Dios mío, santo ¿cómo me va a ir?” Entonces llego al set, conozco a mis compañeras y yo digo “wey, qué cabrón. Nadie viene a competir con nadie”. Entonces yo veía unas mujeres tan felices, tan plenas, haciendo lo que tienen que hacer, que es trabajar. Y cuando la gente está enfocada en trabajar, no está pendiente de chingaderas como competir con nadie ni joderse al otro. Entonces como que desde ahí empecé a, no sé, a fluir, a llevarme mejor con mis compañeras, a entender que si de por sí va a ser un proceso y un viaje en el que la podemos pasar muy bien o muy mal, vamos a estar juntas y tal. Entonces, por ejemplo, en la novela, hicimos como un equipo entre las mujeres muy padre. O sea, fue como un proyecto súper feminista, aparte también por los temas que se tocaban. Como, no sé, como que nos hicimos ahí un equipo bien padre. Una hermandad bien padre. No sé por qué estoy tocando esto. Iba a llegar a un punto, pero ya me fui.  Me desvié.

DB: No, que reconfirmaste algunas cosas. Empezaste por ahí. Dije “¿Lo estás disfrutando?” Y me dijiste que no.

OG: Exacto. Por eso. Entonces, como yo estaba tan ensimismada. Ah, bueno, también te puedo hablar del chicharo. Y es que hay tantas cosas que ahora entiendo, wey, que antes yo criticaba tanto y por eso no hay que escupir para arriba, amigos, porque les cae. Pero al final, cuando...

DB: Reconfirmaste, te había enseñado a competir, no sé qué, te diste cuenta que en Las Juanas no venías a eso.

OG: Exacto. Entonces, en este proyecto hacemos como team, las mujeres. Era como un proyecto muy feminista. De hecho, nos fuimos a marchar juntas y todo, porque salimos temprano de grabar ese día. Y yo no me di cuenta de todo esto que estaba pasando, porque yo estaba sufriendo. O sea, yo llamaba a una amiga que ha sido protagonista mil veces y le decía “oye, ¿es normal que me sienta deprimida? O sea, siento que soy la peor actriz, pero siento que mi cerebro ya se confundió, no sé qué me está pasando, pero siento que le pido tanto todo el maldito día, por lo menos 12 horas diarias, durante seis meses”.

OG: ¿Pues grababan de qué hora a qué hora?

OG: De seis de la mañana había que irnos y llegábamos a la casa nueve, diez de la noche. O sea, eran más de 12 horas diarias metidas en ese chip de sufrir, sufrir, sufrir. Entonces yo le decía “yo no sé si ya mi cerebro se confundió y cree que estoy deprimida porque ahí lo tengo al pobre y ya me deprimí o qué mierda me está pasando, me siento muy triste y yo estoy pasando un proceso bien padre, me acabo de casar, todo está bonito allá afuera en mi casa, pero no me siento así”. Y entonces en las noches me costaba trabajo dormir y venían ataques de pánico, ataques de ansiedad. 

DB: Fue el terremoto, aparte. 

OG: No, ayer, ayer que sonó la alerta síndica y yo. Horrible.

DB: Sí, como que ya te quedaste en un nivel de ansiedad constante, ¿no?

OG: Y mi coach hacía mucho hincapié en eso. Me decía “coachear protagonistas es todo un viaje porque quedan tostadas, porque es imposible que tanto le pides al cerebro estar y transitar por esas situaciones tan incómodas, tan horribles, tan extremas que tu cerebro sí se confunde, lo que estás viviendo es normal y por eso es tan complicado”. Entonces yo decía “wey, qué loco”. Voy a cerrar una idea y me voy para acá, ¿ok? Entonces cuando estábamos por terminar, Diego, de repente nos avisan que no vamos a terminar en un mes, sino en dos semanas. Y en ese momento, wey, me dio una bacteria, ya no sé. O sea, como que mi cuerpo dijo “relájate, ya, acabaste, o sea, lo lograste, wey, relájate”. Me enfermé horrible, me la pasé muy mal. Pero hasta ahí, hasta dos semanas antes de terminar, yo empecé a darme cuenta de todo lo que habíamos logrado, del equipo, de no mames, de demostrarme a mí misma que sí podía, wey, de llegar al tono y hacerlo bien y con realismo y de las horas y horas que invertí en eso. Y entonces fue como, en ese momento dije “qué mal pedo, wey, que estuve sumergida en este viaje, en mí misma, en qué mierda voy a hacer, cómo llego al tono, pero entonces cómo lloro, entonces qué hago, entonces ta, ta, ta, ta, ta, que no me di cuenta que tengo ahora unas amigas bien chidas, que nos la pasamos de poca madre, que hicimos ahí una cosa bien bonita”, porque todo en la historia es muy tenso, la historia es obscura, la historia es tensa. Y entonces en los momentos de descanso, yo estaba sufriendo mientras allá afuera estaban pasando cosas bien bonitas. Entonces sí fue como “mierda, se me fue, se me fue esta vez, otra vez disfrutarlo más”. Por otro lado, cosas que descubrí, por ejemplo, yo criticaba mucho el uso del apuntador. O sea, yo cuando llegué todo el mundo me decía “es que es imposible hacer una telenovela sin apuntador”. Y yo imposible nada, yo voy a demostrar que sí. La primera novela que hago, que es esta en la que te digo que la pasé de poca madre…

DB: Te aprendías las líneas incluso de tus protagonistas, de tus colegas.

OG: En un día, como que ya la cabeza me empezaba a fallar porque ya estaba cansada, entonces te marqué a ti y te pedí las hacks. Bueno, ese día, según yo, no me había hecho nada la hack. Yo así como “no, pues no, yo no siento ni que me enfoque, ni que estoy activa, no siento nada”. Pero entonces vamos a grabar una escena, yo la leo, mi memoria es fotográfica, o sea, yo no me clavo estudiando, sino que la veo, ya está, ya la tengo, Y entonces la veo y yo ok, perfecto. Entonces me dice mi compañero “¿la grabamos o la ensayamos?” Y le digo “la grabamos”. Y mi compañero “no, no me la sé, ensayamos”. Y yo “no, está muy fácil. Yo te digo, taca, taca, taca, tú respondes taca, taca, taca, te respondo taca, taca”. Y le empiezo a decir toda la escena de él y mía. Y yo “mierda, las hacks”.

DB: Ese fue el comercial.

OG: Exacto, ese fue un comercial.

DB: Entonces en esa época tú dices “yo quiero estudiármelas todas”.

OG:  Sí, pero también porque había mucha facilidad de improvisar. O sea, no nos teníamos que apegar tanto al texto, sino a las ideas. Entonces yo sabía que tenía que llegar de A a Z, y cómo llegara era a mi pedo. Entonces de repente yo me iba así de A, W, Z. 

DB: El episodio que iba a 30 minutos se fue a una hora porque se le ocurrió contar tantas cosas. 

OG: Y mi compañero, que era como el galán de mi personaje también, entonces jugábamos muchísimo. A ese proyecto le va muy bien, a esos dos personajes, y creo que porque la gente notaba eso, que entre nosotros había juego, no había un algo aprendido y un algo que tenía que ser. Entonces la gente decía “ah, tienen mucha química”. No era química, estábamos presentes y estábamos jugando. Eso fue lo que gustó. Para este otro proyecto me dijeron “no hay manera de que cambien una sola línea, todo está ahí por algo y no se cambia nada”. Entonces de ahí yo dije “mierda, ok, tengo que aprendérmelo al pie de la letra”. Llegó un momento, Diego, como por ahí del mes tres, te digo que es ahí donde colapsé feo, que no había manera, wey. O sea, yo que gozo de una muy buena memoria, Diego no me entraba nada. En ese entonces me invita Erika de la Vega a su podcast y yo “sí, sí, sí, yo quiero, yo quiero, yo quiero”. “¿A qué hora? ¿Diez de la noche puedes?” Nacho me decía “si no quieres ir, mejor cáncelale”. Le digo, “no, tan quiero ir que a las diez de la noche, que es cuando puedo, ahí voy a estar a las diez de la noche”. Fui a las diez de la noche, todo mal. O sea, Erika me decía “ok, ¿cómo estás”. Y yo “¿me repites la pregunta? No escuché.” Estuve en un trance rarísimo. Desconectada, como perdida. Yo entraba a escena y entonces como tenía este miedo de no llegar al tono y que no me creyeran, wey, yo entraba dudando de mí. Y eso era horrible porque yo decía “cabrón, si esto es lo único que sé hacer en mi vida, entonces si ya no lo sé hacer, ¿qué sé hacer ¿Quién soy?” O sea, wey, entré en un paro existencial, horroroso, estuve deprimida, estuve muy mal, ataques de pánico, ataques de ansiedad. Llamé a mi psicóloga, mi psicóloga no podía atenderme.

DB: Con Erika no te fue bien. Dijiste que estuviste en su podcast. O sea, que te sentiste desconectada y tal.

OG: Sí, y después hablé con ella porque me dijo “Oka, si quieres que grabemos otro episodio…” Y le dije “¿sabes qué, Erika? Me parece interesante que la gente sepa que no siempre estamos bien wey”. Me caga que cuando nos hablan de historias de éxito, hablan del éxito como lo mejor del universo y nunca hablan y nunca tocan lo horrible que es transitar por ahí cuando no tienes vida porque estás demasiado metido en tu éxito. O sea, todas las cosas que pasan, todo el desconecte que tuve familiar porque estaba enfocada en ahorita soy la protagonista, lo que tanto soñé.

DB: Para lo que siempre estuviste trabajando, por así decirlo, y ya estás ahí. En teoría, desde fuera estás teniendo éxito, pero no lo estás disfrutando, no lo estás viendo. Me hace mucho sentido. Como que muchas veces… No sé, por ejemplo, hace dos semanas yo estaba, le decía a Sofía, “es que me siento triste, no estoy deprimido, no tengo una depresión clínica, pero me siento como que no estoy motivado, todo va chido en DEMENTES y demás, pero ando bajoneado, no siento que estemos ahí”. Y entonces empieza a mandarme mensajes de gente que me ha visto, “pero esta gente está diciendo que está muy padre, que no sé qué” y yo “sí, o sea, veo que el proyecto está teniendo éxito, o sea, está avanzando, pero yo hoy no lo siento, hoy no me siento así”. Pasan un par de cosas y luego veo un video hablando de lo bien que estaba hecha la producción y tal y me dice “ok, o sea, qué padre, la gente sí lo está notando”, pero eso que dices, hay días, cuando dices… Bueno, fue una temporada grande, pero hay días y momentos donde ese, en teoría, éxito también va cargado de una parte de sufrir o de batallar o que te cuesta, y no todo es miel sobre hojuelas, ¿no?

OG: Y lo vivo mucho también con Nacho. Ahorita le está yendo muy bien en sus giras. O sea, es impresionante. Por ejemplo, estamos haciendo la comparativa de la última vez que fue a una ciudad a ahora. Y en todas, Diego, es el triple de personas de asistencia a sus shows. Y yo lo veo y a veces también se me va para abajo. Y tocamos estas cosas como de wey, no hemos tenido, o sea, nos casamos hace tres meses, y no hemos ni pensado en una luna de miel porque no tenemos tiempo. Si no viviéramos juntos, no nos veríamos. Entonces, digo, eso es el éxito, cabrón. Y eso es algo de lo que la gente no te comparte. Entonces, justo también por eso, ahorita estoy haciendo velas porque estoy obligándome a no hacer un carajo. Lo necesitaba y ya estoy haciendo velas. Pero lo necesito, necesito obligarme a tocar tierra, a bajar la revolución.

DB: Pero esto es diferente a no estar agradecido con lo que estás haciendo, ¿no?

OG:  Soy la más agradecida del mundo.. Pero tengo que cuidarme. Y es increíble, o sea, por ejemplo, yo veo... El otro día transmitieron una escena donde doy a luz. Y ese llamado fue, o sea, fueron 12 horas de parir, literalmente. O sea, hago la escena y tal, sale al aire y entonces entro a Twitter. Y había demasiados comentarios diciendo “qué gran descubrimiento es Oka Giner, una de las mejores actrices jóvenes que tiene en nuestro país, nunca había visto una escena tan realista de un parto. Entonces digo “wow, la gente lo nota, pero también me tengo que cuidar a mí, porque para darles todo eso, que ellos están reconociendo y que nada me hace más feliz, yo la pasé muy mal. Y yo sé que a partir de hoy no me vuelve a afectar un proyecto así.

DB: O sea, fue porque fue la primera vez que fue este tipo de papel donde estabas tratando de... O sea, ¿te saliste de lo que tenías contemplado y te dejaste llevar por esta espiral de sentimientos?. O sea, ¿crees que si lo vuelves a hacer lo harías diferente? ¿O ya le agarraste miedo o le agarraste...?

OG: No, al contrario. O sea, después de esto yo te puedo decir puedo con lo que sea. Y si nos vamos a los grandes, o sea, tipo un Iñárritu. Dicen que trabajar con un Iñárritu es de miedo.

DB: O sea, en nivel de exigencia.

OG: Ajá. Entonces wey, si yo quiero llegar alto, yo no le voy a caer bien a todo el mundo, que eso era algo que también me pasó. O sea, yo estaba acostumbrada que yo voy a una producción y yo le caigo bien a todo el mundo. Yo voy a una producción y a todo el mundo le gusta mi trabajo. ¿Qué pasa cuando alguien te confronta y te dice “no, por ahí no va y no quiero lo que estás proponiendo, quiero esto porque lo tengo muy claro, porque tengo años haciéndolo y sé lo que la gente quiere y le gusta, entonces quiero esto”. O sea, colapsé. Yo no estaba acostumbrada a eso. O sea, corto circuito.

DB: ¿Crees que la gente que está en estos puestos importantes tiene que ser mamona? ¿O no mamones, pero exigentes a un nivel fuera de lo normal? Pienso, ahorita que me decías, ¿no? Que dicen que esta persona puede llegar a ser así, ¿no? Muy exigente. Pienso de pronto que veo gente que dice “es que trabajar con tal chef es de las experiencias más abrumadoras o retadoras posibles porque me explotaban”. Y es un comentario común. O sea, pero no sé si crees que es parte del... Por ser así, es que luego logran hacer lo que están haciendo y hacen que la gente logre, como los que aguantan tal, o no es necesario ser así para sacar eso de la gente.

OG: Yo no creo que sea necesario. Me gusta pensar que no. O sea, había días en los que a mí me estaba cargando la que me parió, pero yo siempre llegaba con una sonrisa y saludaba a todos mis compañeros, y no importaba si yo estaba mal.

DB: Sí, pero aquí, en lo que voy, tú estabas respondiendo a alguien que en teoría, entre comillas, es tu jefe, ¿no? En este momento, tu jefa o tal. Me refiero a esos perfiles, donde no como actriz, sino como director, como el chef, dueño del tal, como director de la empresa.

OG: Yo creo que sí. O sea, ahí, en el caso de los jefes, yo creo que sí. Tienen que. Porque son muchos factores, Diego. O sea, ella, por ejemplo, está productora, es mujer. Lo cual, o sea, me hace sentir muy orgullosa que mi primera oportunidad así de grande en la televisión mexicana me la haya dado una mujer. Desde ahí, es muy representativo para mí. Ella es una chingona en lo que hace. Tiene toda la vida… Pero yo me pongo a pensar y digo “ella es así de exigente, claro, porque este medio es un medio de hombres”. Entonces, para que ella llegara a ser lo respetada que es, claro que se tenía que poner los pantalones y exigir, porque si no, entonces la pisotean. Creo que por ahí va.

DB: ¿Y crees que al ser así, mucha gente es lo mejor? O sea, hay gente que haya dicho “no, esta persona está loca o no puedo trabajar así con esta persona” y hayan desistido.

OG: Sí, me imagino que sí. De hecho, sé de algunos que sí. 

DB: O sea, porque se quedan con esa percepción, en lugar de decir “qué chingona es”, se quedan como “no, qué mamona es”, o “qué sangrona”, o “qué difícil trabajar con esta persona”. Pero está donde está por ser cómo es. 

OG: Y al final del día, lo que hace funciona y siempre es un éxito y a uno lo posiciona distinto.

DB: O sea, ¿cómo cambió tu percepción de justo al vivir todas estas cosas al ver cómo le fue al proyecto? ¿Llegaste con una forma de pensar de esta persona y después una forma distinta?

OG: Mira, por ejemplo, todo el prejuicio que te digo que había de las telenovelas, ¿no? Yo me puedo sentar aquí contigo a debatir si fulanito de tal, el galán de la telenovela, es buen o mal actor. Pero, ¿sabes qué, wey? Para estar ahí se necesita una disciplina que no tiene nadie. Y aparte de todo, están mamados los cabrones. O sea, es impresionante. No nada más es ser talentoso aquí, no nada más es ser bonito aquí. Aquí hay que tener mucha disciplina, hay que tener mucha templanza, hay que aguantar vara, hay que estar parado demasiadas horas, hay que llorar, hay que subir, hay que bajar. Yo me acuerdo que antes yo tenía... O sea, yo, por ejemplo, veía a las protagonistas y yo decía “ay, no, qué hueva, yo estoy bien aquí siendo actriz de reparto”. Entonces yo decía “qué mediocre mi manera de autoengañarme”. Esto era lo que yo siempre quería, pero me daba miedo. Y ahora entiendo por qué no es cualquier cosa y no cualquiera puede. O sea, yo te puedo decir… Me puedes traer a la actriz más talentosa, a la actriz más guapa, a la actriz más lo que tú quieras. A lo mejor no tiene para ser protagonista, al menos no en un ritmo de trabajo así de exigente, porque también esa es la otra. Nosotros, bueno, nosotros no. Yo estaba acostumbrada a hacer proyectos en series donde máximo me echaba tres meses a esa exigencia y a ese ritmo, haciendo máximo diez escenas al día. Ahorita son seis meses haciendo 35 escenas. Obviamente lo que te decía del apuntador, yo me las daba de que “no, yo sí puedo”. Hubo un momento en el que colapsé ­­­­­­­­y no había manera de que yo repitiera un maldito enunciado. O sea, una vez le dije a Nacho, estábamos viendo de comprar una casa, Y entonces le digo, “¿hace cuánto la casa crees que...? No, espérate. ¿Cuánto crees la casa? ¿Hace cuánto crees que vendan esta casa?” Me tomó tres intentos hablar. Ya no podía, Diego. Si no era por un apuntador, o sea, había veces que no. Y le decía “mira, no me la digas porque me pierdo un poco, pero si me ves que se me fue, recúperame, wey, porque ya no pienso, ya no sé quién soy”. Entonces, creo que ahora mi percepción es muy distinta. Creo que todos los que se dedican a esta industria merecen mi respeto, porque nos ha tocado tragar una cantidad de mierda impresionante. Y encima sonreímos, encima seguimos amando lo que hacemos. La percepción allá afuera también, por ejemplo, esto es algo que yo decidí hacer, porque en los castings de las series donde yo quería estar, también me llamaban siempre para personajes como la mejor amiga de la protagonista, que no tiene nada de malo, lo disfruto mucho igual, y sigo casteando. Pero yo decía “si no genero un nombre”, porque me ha tocado muchas veces, “si no genero un nombre, difícilmente me van a llamar para un rol principal allá afuera. Entonces, ¿qué tengo que hacer? Hacer un nombre. ¿Y dónde voy a hacer un nombre? En la televisión nacional”. Y es impresionante, Diego, pero a mí nunca me había pasado esto, pero ahora salgo a la calle y la gente me reconoce. Y eso es muy chistoso. Entonces creo que la estrategia está funcionando. Y ahora que ya descubrí lo que es trabajar también en la televisión, también tiene su encanto, wey, y no quisiera dejarlo tampoco. O sea, ya me volví como adicta. Es una cosa que, no sé, a lo mejor en el siguiente proyecto lo voy a disfrutar más.

DB: A ver, te preguntaré algo sobre esta parte, pero nada más para terminar de cerrar este tema de cómo te, entre comillas, rehabilitas de un proceso así. ¿Qué estás haciendo? ¿Qué vas a hacer? Porque hacer una pausa nada más creo que no te quita todo lo que quizás lo que hiciste, lo que engañaste tu cerebro a pensar que tenías, y de pronto se volvió realidad. ¿Qué vas a hacer aquí en adelante? ¿O qué estás haciendo para poco a poco salir de esto?

OG: No lo vuelvo a vivir tanto. O sea, yo agradezco mucho el trabajo de mi coach, pero creo que meternos tanto en la psique es bien jodido. Entonces, creo que podemos tener el mismo resultado. Y me imagino que eso se hace como a lo largo de los años con un colmillo impresionante que yo le veo a mis demás compañeros. Entrar y salir sin tener que desgarrarte tú. Ese es mi siguiente ejercicio. Como que es lo que te digo. O sea, por ejemplo, yo no podía llorar si realmente no sentía la escena. Entonces, ¿qué pasa si a lo mejor la sentimos a la mitad, wey? Solo para no arriesgar la psique. A lo mejor suena muy antiprofesional lo que estoy diciendo, pero es una cosa que tiene que ver con cuidarme. Por ejemplo, al terminar el proyecto, mi coach me llamó y me dijo “vamos a hacer un ritual de desapego con el personaje”. Entonces, hice un ritual como súper bonito que me dejó súper en paz. Y ya, no sé, regresar a hacer a lo que Oka le gusta hacer. Velas. Y ejercicio. O sea, regresar como a mi vida y recordarme que eso es cabrón también, porque cuando estás en un proceso así durante tantos meses, se te olvida que allá afuera hay una vida. Y entonces, luego los amigos se sienten “no nos hemos visto por tu novela”, y yo como “sí, perdóname, es que la novela es ahorita mi vida”, pero afuera tengo una vida, entonces, reconectar con mis amigos, reconectar con el ejercicio, reconectar con hacer dieta, hacer velas, qué sé yo, volver a hacer mi rutina.

DB: ¿Cambian algo tu relación con tu pareja, el hacer esto y el salir? Porque me imagino que no querías hablar. O sea, “llevo 32 escenas, qué padre que estamos aquí, pero no quiero hablar”, ¿no? Y entonces, ya salirte de esto, ¿hace que sea distinto la forma de manejarlo o cómo se maneja un proyecto así con una pareja también?

OG: Yo tengo una pareja bien inteligente, porque todo lo que vivimos no fue fácil. O sea, el pobre llegó momentos en el que me dijo “necesito que me saques a Elsa de la casa, porque...”

DB: Y le decías “¡cállate, estúpida!” Ya como novela, ¿no?

OG: No, porque te estoy hablando que a lo mejor un día yo llegaba triste, ¿no? Pero después del mes tres ya no nada más era triste, era cansancio y era un cansancio crónico. Diego, o sea, lo googleé y yo tenía todos los síntomas de cansancio crónico. Recurría a inyectarme vitamina B12. Se supone que te debería de levantar unos dos meses. Me levantó dos días, wey. O sea, era muy jodido mi sentir. O sea, real no daba una, real me sentía en la mierda, Diego. O sea, pero feo, feo, feo, feo y aparte como en un estado de supervivencia. ¿No? Que Nacho fue muy paciente y me decía “odio que estés deprimida, odio que no tengas ganas ni de ir al cine, ni de nada, pero agradezco mucho tu proceso, porque sé que vas a ser otra persona en seis meses. Esto no es eterno y te estás convirtiendo en lo que siempre soñaste, y eso es increíble porque yo también y estamos juntos, y no pasa nada. Mañana será otro día y nos reiremos de esto”. Entonces fue chistoso, pero sí fue complicado porque... Sí, yo no era yo. O sea, una depresión ahí absoluta.

DB: Perfecto. Ya eres tú.

OG: Ya. Hasta el líbido me regresó. O sea, ya soy yo.

DB: Perfecto. Oye, ¿y ahorita qué sigue? O sea, ¿en tus planes qué quieres hacer? ¿Qué te da curiosidad? ¿Qué te mueve más o te emociona más?

OG: No sé qué venga. Ahorita sí, así lo ideal para mí sería hacer una comedia. Amo el melodrama, lo amo, me fascina. Pero después de un melodrama como esto, creo que me vendría bien una comedia. Y entonces a lo mejor en mi plan ideal sería ir intercalando melodrama, comedia, melodrama, comedia, ¿no? Pero no sé, estoy abierta a las posibilidades. Estoy casteando, sigo tocando puertas, pero también han tocado puertas conmigo y he dicho que no, porque...

DB: ¿Cómo han tocado puertas contigo?

OG: Había la posibilidad de ligarme del proyecto. O sea, terminaba el viernes y el lunes yo estaba en el set haciendo otra historia, un melodramón. Y yo toda intensa dije “sí, claro, sirve que me sacudo la telenovela, me voy a la serie, no sé qué”. También eso me encanta, o sea, hoy en día reconozco que puedo hacer el salto a un tono telenovela, a un tono serio, o sea, me doy esa chapita de wey, yo puedo hacer lo que yo quiera, qué chingón, qué chingón poder hacer ese switch. Pero sí aterricé y dije “no, hermana, cálmate. O sea, real estás mal, necesitamos cuidarnos porque pretendemos vivir de esto toda nuestra vida”. O sea, mi sueño ideal es mañana ser la mamá y luego la abuela y morirme haciendo esto que yo amo. Entonces, si quiero llegar allá, hay que cuidarnos también. La salud mental y la salud física y todo.

DB: Eso no cambia tu plan en ese sentido, que es lo que me expresabas desde el principio que hablábamos, de que “yo quiero poder hacer eso toda la vida y dedicarme a esto”, sigue estando ahí, no es un “ya llegué a lo que quería y ya no quiero más”. ¿Cómo te fue cuando hiciste la plática de TED? Porque como todo este tiempo me acuerdo que estábamos ahí, estabas...

OG: Horrible.

DB: Estabas nerviosísima.

OG: Horrible.

DB: Y te fue muy bien.

OG: Sí, pero, no sé, todo fue muy surrealista. Es que en mis momentos de más, como nervio, estrés, no sé cómo llamarle, yo bloqueo. O sea, yo simplemente me paré en el escenario, dije lo que tenía que decir. Un amigo mío que a eso se dedica, Humberto Gutiérrez, él es conferencista, me dijo “si de verdad sientes que te vas a morir, echa un chiste antes de entrar y eso te va a relajar y relaja al público”. Y, entonces, yo estaba tan mal…

DB: Creo que no dejabas de filmar ese día antes y había dicho que, ah, no se va a poder tu presentación. Y luego, ah, siempre sí. Y luego, a lo mejor no se arma, ¿te acuerdas?

OG: Y antes de pasar, o sea, yo estaba como en las piernas del teatro y entonces ya estaban diciendo mi nombre y entonces quiero empezar a repasar mi charla en mi cabeza y no encuentro nada. Blackout, blackout, wey, pánico. Dije “no mames, me voy a parar y no voy a decir, ya no me la sé”. Pánico, así, horrible. Entonces entré, me acuerdo temblando y dije el chiste. Me eché un chiste malísimo que solo yo entendí, solo yo me reí, pero no importó. Nacho todavía lo ve y se ríe y me dice “ese chiste, ¿qué?”. Pues sí, a eso se dedica. Yo no, pero eché mi mejor chiste, solo yo me reí y de repente vino a mi cabeza la charla y ya. Entonces, cuando me bajé, dije “¿qué mierda acaba de pasar? Lo dije ¿sí estuvo bien? Muy bien, perfecto, creo que no la cagué”. Y cuando salimos del teatro, que la gente se empezó a acercar y me decían “qué bonita tu charla, me tocó el corazón”. Y yo “guau, qué loco, las cosas que yo hago”, pero me encanta que no le tengo miedo a nada, o sea, miedo sí. O sea, miedo le tenía.

DB: Te estabas zurrando antes, pero como que lo hiciste. Yo estaba bien preocupado por ti, la verdad. Desde antes que estábamos ahí, que no nos dejaban entrar los cuartos y “ensayen, ensayen, ensayen”, y estabas... Pero te lo sabías toda, te lo sabías toditito. Y yo decía “¿pero por qué sí haces eso todo el tiempo?”

OG: Pero sudaba frío, wey. Tuve el error de presentarme en tacones, entonces el tacón me tambaleaba y yo “¿en qué momento se me ocurrió venir en tacones?” No, no, horrible, wey, horrible, todo me temblaba.

DB: ¿Lo volverías a hacer?

OG: Sí.

DB: ¿Se te quitó el miedo?

OG: No, ¿es que sabes qué? Yo le voy a seguir diciendo que sí a todo lo que me dé miedo. Porque al final es ahí donde más aprendo. O sea, hoy en día te digo, si yo quise renunciar el día 1 a la telenovela, es porque me cagué de miedo. Y ya está, ya pasó, y le va de puta madre, y es lo más visto en Estados Unidos, y en México está que la rompe cada día más. Ya está, ya fue. Me encanta hacer cosas que me den miedo, wey. Creo que, no sé, el otro día... La noticia horrible de lo que pasó en el  globo de Teotihuacán, por ejemplo. Todas esas cosas me hacen replantearme todo lo que hice cuando nada me daba miedo. Me tiré del paracaídas, subí en un globo aerostático. Le decía yo a Nacho “hay muchas cosas que yo ni de loca volvería a hacer, porque qué pinche miedo, qué bueno que ya las hice”. Pero como ya no puedo aventarme de un paracaídas, porque ni de loca lo volvería a hacer, entonces haré cosas que me den miedo, pero que sé que voy a estar a salvo.

DB: Sí, como controlables.

OG: Exacto, como volver a presentarme en una charla. 

DB: O sea, el que va a pasar un ridículo, que me tropiece o algo, y ahí quedó. ¿Por qué le va tan bien a Estados Unidos esto?

OG: La gente es muy arraigada a sus orígenes. La gente... Creo que también es una manera... A ver, voy a decirlo, a lo mejor estoy loca, pero creo que esta es mi percepción. Creo que la gente que emigra y que vive en Estados Unidos es también como un recordatorio de su país. O sea, siento que la telenovela es algo que te recuerda mucho tu origen. O sea, Nacho y yo hemos platicado mil veces, yo solía ser una dramática, y entonces me decía “es que yo no entiendo, no entiendo por qué los mexicanos son tan dramáticos”. Le digo “hermano, crecimos viendo telenovelas. Nos encanta el drama, está impregnado de nuestro ser”. Entonces, creo que de ahí deriva la gente que migra fuera de... Y no nada más en Estados Unidos, no sabes de dónde me escriben. O sea, Hungría, hay gente en Hungría viendo mi telenovela. Yo digo “claro, wey, porque es gente que se tuvo que ir en búsqueda de una mejor vida, de sus sueños, qué sé yo, que esa es a lo mejor la manera con la que reconectan con su abuelita que ya no está”. Cuando eran niños a lo mejor veían las telenovelas. O sea, creo que por eso es tan exitoso, y sigue y seguirá siendo, la telenovela no va a morir, porque es algo muy de nosotros, ¿no? Creo yo, a lo mejor estoy loca.

DB: Está bien, está bien, está bien. Oye, ¿qué opinión llegó después de que grabaste el primer episodio con DEMENTES? O sea, ¿cuál fue el sentido de la gente y qué cambios han habido? ¿Cómo las tomas? ¿Te acuerdas?

OG: Sí, me volví viral, Diego. Fui viral en mi tierra, en Camargo, en Chihuahua. Me convirtieron en Lady Banderilla y me hicieron un meme. Y wey, fue cabrón, porque siento que una de las... 

DB: El primero fue meses después, ¿no?

OG: Sí, no sé cuándo estrenamos, pero por ahí de... 

DB: Fue en agosto, creo, del 21.

OG: Ok, creo que agarró por ahí de septiembre la bolita. En ese entonces yo le di mis redes a Facebook, sobre todo, porque un buen día me meto a Facebook. O sea, según yo tenía como 60 mil seguidores en Facebook. Entonces un día me meto y tenía casi medio millón. Y dije “ala, ¿en qué momento si yo no subo nada? O sea, tengo a esta gente olvidada”. Entonces hablé con un agente que se dedica como a monetizar Facebook y le dije “¿por qué no me llevas Facebook? No me interesa monetizar. Lo que me interesa es que la gente me vea activa, ¿no? Alimentar a esos seguidores porque...”

DB: Sí, porque lo que usas todo el tiempo es Instagram.

OG: Entonces me dicen “sí, sí, claro”. Entonces para monetizar, al parecer, hay que subir videos. Una cantidad de videos que no me da la vida para grabar. Entonces ellos agarraban videos de donde me veían y los montaban. Entonces se les ocurre agarrar un fragmento que dice “¿cómo es vivir en Chihuahua?” Y entonces empiezo yo.

DB: O sea, no existía desde nuestra parte, ellos solo decidieron agarrar ese pedacito y poner eso en particular.

OG: Y monetizaron con tu video, Diego.

DB: No, que me da igual, pero lo que me sorprende es el pedacito que eligieron.

OG: Ajá, “y entonces, ¿cómo es vivir en Chihuahua?” Y entonces yo empiezo así “bueno, pues empiezas a tomar desde muy chiquito”. “¿Onda? ¿Cuántos años? ¿14?” “Exacto”. Entonces, bueno, fui lo peor. Me tundieron. O sea, hay noticias que dicen “repudian a Oka Giner”. Todavía, es increíble, pero todavía... El día de mi boda, ¿no? Sacan la nota de que se casa Oka Giner. Y entonces los comentarios “¿y hubo banderillas?” Porque yo te decía que había que ir a comer banderillas y palomitas a la plaza. “¿Y hubo banderillas? ¿Hubo caguamas? ¿Había niños de 14 años? Me odian. Me odian mal.

DB: Qué mal. Pero aparte, nunca lo dijiste en un tono…

OG: Creo que también lo sacaron mucho de contexto porque solo vieron ese clip, Ese pedacito, Entonces, la gente que va a ir a comentar… 

DB: Y que venías hablando muy bien de Chihuahua. Hablaste muy bien de Chihuahua, todo lo demás.

OG: Porque un hater en internet no se va a poner a ver el contexto. O sea, esa entrevista duraba dos horas. Esa gente no se iba a echar dos horas.

DB: Fue hasta el concurso de hot dogs, ¿no?

OG: Ah, bueno, sí. Entonces, me hicieron viral que la Lady banderilla, ¿no? Entonces, un día me escriben del gobierno de Camargo y me dicen “oye, Oka, ¿no te ofenderías si hacemos un concurso de tragazón de banderillas?” Y yo “¿ofenderme? Es lo mejor que me ha pasado en la vida”. Yo soy muy eso, wey. A mí me gusta tomarme todo con sentido del humor. Y dije, qué cagado. No mames. O sea, por mis estupideces, ¿va a haber un concurso de tragazón de banderillas? ¡Qué honor! ¿Cuánto van a regalar? ¿Qué se lleva el primer premio? “No, pues no, no hay premios” Y yo “sobre mi cadáver no hay premios”. Ahí te va, primero, segundo y tercer lugar. Yo patrociné el premio. Y entonces, cabrón, mandaron a hacer los cheques del premio con mi cara así. Que era de las cosas que más risa me han dado en el mundo. Yo me divertí demasiado. Pero aparte, como que dentro de mí dije “¡ay mira, un legado!” Toda pendeja, ¿no? Pero sí, creo que sacaron de contexto eso. La gente me... O sea, ardió, troya. Y creo que...

DB: ¿Te ha pasado otras veces que te hayan tirado?

OG: No, nunca, ¿eh? Soy bastante queridita. No, no, no, para nada. Porque también hay que vivirlo. O sea, como que... Siento que había como... Como un deseo de que yo saliera a pedir una disculpa. Y la verdad es que no lo voy a hacer nunca, porque lo que te conté fue lo que yo viví. Entonces, la gente decía como “eso no es cierto”, bueno, a lo mejor para ti no. Pero en lo que yo viví, sí, y eso es algo que nadie puede decir no. Y aparte, nada. O sea, yo cuando la cago pido disculpas, pero en esa ocasión no, ¿por qué?

DB: ¿Qué aprendiste de todo esto? O sea, ¿te llegó a angustiar en algún momento?

OG: Me angustiaba el hecho de que mi familia está allá. Que mis sobrinos, por ejemplo, pues todo este mame, obviamente, está entre los chavos. Y mi sobrina tiene la edad de la gente que...

DB: Que toma.

OG: No, bueno, de la edad de la gente que estaba aprendiendo el pedo, de la gente que lo hizo viral y todo eso. Entonces, me preocupaba un poco la integridad de ellos, porque sé que para dedicarte a esto y ser una figura pública hay que tener una templanza especial y hay que saber aguantar que te tiren mierda todo el tiempo. O sea, Diego, para mí no es fácil. A veces me ponían unas cosas y yo llegué a contestar. Error mío, lo aprendí. Y entonces, a veces hago el ejercicio de que cuando me ponen algo horroroso contesto y luego lo borro y hago de cuenta que lo mandé y ya. Me desahogo. Pero sí me preocupaba la parte de que ellos estuvieran allá y cómo ellos, que no están preparados para ser buleados en internet, cómo se lo fueran a tomar. Pero nada, creo que nos unió hasta eso bastante como familia. Cuando hicieron el grupo para mi boda, de “boda Oka y Nacho”, soy yo con la banderilla. Entonces, mi familia se caga de risa y ya está, lo superamos. No pasa nada.

DB: A ver, acá voy a la parte de las preguntas concretas. Ya las contestaste una vez hace un par de años. A ver qué contestas ahora. ¿Cuál ha sido uno de los peores consejos que te han dado?

OG: Es que, wey, te la iba a responder, pero sé que es la que respondí...

DB: No importa, puede ser.

OG: Piensa mal y acertarás. Piensa mal y acertarás, no hay manera, tóxicos, no siempre. Pero es que somos mexicanos, nos encanta el melodrama, no siempre piensa mal y acertarás, mentira, pues ni que fueras, ¿qué? Brujo.

DB: Ok, ¿no se vale pensar mal?

OG; Se vale, pero no siempre estás en lo correcto. A veces eres una loca. O sea, el otro día le decía esta frase a Nacho, que se reían él y a su hermano. Le decía yo “ojo de loca, no se equivoca”. Entonces, me decía el hermano “es que ese es el pedo con mis novias. Ojo de loca, sí se equivoca, se reequivoca”. Entonces, por ahí va. No, piensa mal y acertarás, nada.

DB: ¿Cuál ha sido uno de los mejores consejos qué te han dado?

OG: El otro día platicaba con mi mamá porque estaba en nuestros planes una casa, ¿no? Pero yo le decía a mi mamá “mi carrera es muy rara, yo ahorita puede ser que estoy muy arriba. Mañana no lo sé. Puede ser que no me vuelvan a llamar. Puede ser que... No sé, qué sé yo, entonces, meterme en un tema de una casa que son por lo menos los próximos 20 años de mi vida, cuando no sé si voy a tener para pagar la hipoteca o no”. Y entonces me dice mi mamá “no le tengas miedo a la vida, mija”. Y yo dije “qué frase tan poderosa me acaba de decir mi mamá”. No le tengas miedo a la vida. Qué bonito, me encantó. Es muy profundo y me puedo poner a explayarme aquí horas, pero se me hizo demasiado bonito. No le tengas miedo a la vida.

DB: ¿Qué opinión tengo que poca gente comparte conmigo?

OG: Mucha gente cree que es de débiles bloquear a alguien. O sea, porque hay quien dice que es inmaduro. Yo soy pro bloqueo absoluto.

DB: Te refieres así en redes, en teléfono, en tal,

OG: Sí, sí, sí. O sea, como que mucha gente puede creer que eso es una debilidad. Yo siento que eso es como una cosa muy elevada. Una cosa muy elevada. Como saber reconocer que yo tengo la debilidad de que si esta persona me escribe por coraje o por lo que sea, le voy a terminar contestando y entonces empiezo un círculo vicioso que no me hace bien. Entonces, creo que es muy elevado reconocer que tengo que bloquear a esta persona. Llámese novio, llámese amigo tóxico, llámese lo que sea. O sea, yo creo que es de gente muy elevada bloquear. No es inmaduro. Esa es mi opinión.

DB: ¿Qué es algo que la gente no sabe de ti y que si supiera se sorprendería?

OG: Soy fan de una serie que se llama Barbie: Life in the Dreamhouse” que es Barbie en su casa de los sueños y entonces… De verdad existe, en Netflix, por favor vela porque wey yo me cago de risa o sea es la comedia más hilarante que ha existido en la faz de la tierra pero la gente no está preparada para ver Barbie: Life in the dreamhouse. Yo me río, Diego, horas sola con Barbie, maltrata a Ken, eso no está bien, obviamente, pero es que, wey, todo es demasiado cómico porque no está escrito para ser cómico.

DB: Ah, es en serio.

OG: Sí, o sea esto es una serie para niñas que se llama Barbie: Life in the dreamhouse, que es una serie como la que veíamos cuando éramos niños, que si iCarly, o no sé wey. No sé cómo llegué a ella, una vez la puse no sé por qué y no sabes cómo me río, es una cosa increíble, vean por favor Barbie: Life in the dreamhouse, son capítulos como de 20 minutos pero wey o sea es increíble, Diego, tiene un sentido el humor tan increíble que no lo entenderías. Y aparte yo compagino un poco con Barbie. Hay un episodio donde habla con su closet y es increíble porque yo a veces… Wey, o sea qué absurdo yo soy medio barbie y todo, o sea de que me contratan para ser influencer y yo “maldita sea wey yo no soy influencer pero ándele pues”, si quiero una casa hay que trabajar, entonces digo “ok ahora Oka influencer, ahora Oka viajera”. Me siento Barbie, que hay algunas que digo…

DB: Pero que tal la pasta de dientes

OG: Exacto, y yo “¿cómo mierda anuncio una pasta de dientes?”

DB: Estuvo muy bien.

OG: Sí, pues trato de darle la vuelta, pero esos son los tipos de cosas que me incomodan, como “wey ahora soy influencer, maldita sea”. Ok, pues Oka influencer.

DB: Libro, película documental serie, aparte de Barbie, que haya marcado un antes y un después en tu forma de ver la vida.

OG: Voy a cambiar mis respuestas del episodio anterior, me acuerdo, tengo una memoria privilegiada. Yo he visto cosas tan interesantes. Ahorita mismo estoy viendo una serie increíble que yo no entiendo por qué la gente no está hablando de ella, se llama Your Honor, está en Paramount+ pero la puedes ver en Amazon. Wey, qué cosa tan increíble, y Bryan Cranston es una maldita locura. Yo no entiendo por qué la gente no la está viendo pero es increíble. Hace mucho que no veía una serie tan fuerte, porque es fuertísima, es un juez y hay un asesinato y hay corrupción y corrupción hay una mafia hay una pandilla, o sea, México. Buenísima la serie. Una película que me haya cambiado la vida… La vida es bella.

DB: Es horrible. Esa película está muy bonita pero me mata y ahorita no la podría ver con hijos y siento que me pegaría el triple.

OG: Esta la vi hace no mucho y me volvió mierda, la de Un monstruo viene a verme. No sabes qué poderosa película.

DB: Ya vi, “un niño de 12 años evoca un monstruo en su imaginación y esto le ayuda a lidiar con su miserable vida y le enseña a tener coraje”.

OG: Bueno, miserable vida... Su mamá se está muriendo de cáncer y el monstruo viene a asustarlo y se sorprende de que no lo asusta nada, pues él la está pasando muy mal. Está muy cabrona, muy muy cabrona, está muy dura. Esa película me volvió trizas. Me encanta sufrir.

DB: ¿Libros? ¿Lees algo?

OG: Ahorita sólo leo guiones. El último libro que leí fue El jardín de las mariposas, pero no me cambió la vida, simplemente me llevó a imaginar todo pero no me cambió.

DB: Experiencia más te haya marcado.

OG: Sin duda la muerte de mi papá, Diego. Es chistoso, porque yo no sé si todavía no lo supero, qué demonios me pasa pero he pasado de todo desde que se fue mi papá, buscando explicaciones a algo que así es y listo, he transitado por ir con un médium, he hecho un poco de todo, ir a terapia, obviamente, tomar rivotril, que me pegó duro, duro, duro. Esa depresión fue horrible. Y me pasan cosas muy chistosas porque llámame loca, pero yo siento cabrón a mi papá y me manda unas señales tan fuertes, tan contundentes que no tiene otra explicación que yo sé que por ahí anda, me sigue acompañando todos los días de mi vida, es muy cabrón. El otro día… En todo este tema que te digo de que hemos estado buscando casa, hace como dos años yo veo una casa que me enamoré, pero una casa carísima, no había manera, pero simplemente a veces entraba a ver casas que no podía pagar sólo para ver cómo sería y me imagino cómo es vivir ahí, recuerdo que la casa tenía un jardín y yo veía la casa. Me acuerdo perfecto de esa imagen, yo parada en el jardín viendo hacia la casa. Y ya seguimos buscando casas, hemos estado en ese proceso, y te lo juro por Dios, habíamos ofertado una casa que luego se cayó. Bueno, ni modo. Y en ese momento, te lo juro por Dios, yo pensé en esa casa, o sea como que tuve la imagen. Dije “¿qué habrá sido de esa casa? Ni idea, seguro se vendió porque era una casa hermosa pero ni cómo buscarla porque no me acuerdo ni la colonia ni nada”. Yo tenía la imagen. En cuanto se nos cae la otra casa, nos escribe la de la inmobiliaria y nos dice “oigan, tengo esta que la acabo de bajar a un súper precio por si quieren verla”. Wey, era la casa. No es cierto, cabrón, mentira, mentira. Y entraba en mi presupuesto, y yo “quiero verla mañana, no sé qué”. Y entonces esa noche como que me quedé pensando, obviamente, con mucho miedo de “mierda, 20 años de meterme en un crédito hipotecario, bueno ni modo, no le tengas miedo a la vida”. Y entonces dije “¿será que me la habrá mandado mi papá? No sé, ya es mucho”. Esa noche yo tengo un sueño, sueño a mi papá y le digo “yo sé que ya te tienes que ir, pero quiero que sepas que yo sé que sigues aquí, que te amo con todo mi corazón y déjame abrazarte”, entonces abrazo a mi papá y Nacho me despierta porque estoy berreando, pero berreando, tengo sueños muy vividos. Dije “qué loco, entonces puede ser que sí me la haya mandado mi papá, no lo sé”. Equis, sigo mi día, me voy, hago mis cosas y cuando regreso a mi casa, sobre la barra de mi cocina está una foto con mi papá, yo abrazándolo y yo “¿qué mierda es esto?” Y fue muy chistoso porque yo llego y veo la foto y le digo “hola pa, ¿qué mierda hace esto aquí?” Entonces llamo a Nacho, porque es uno de los días que no viene la señora que nos ayuda, le digo “oye, ¿tú pusiste la foto de mi papá en la barra?” “No”. “No me estés jodiendo, Ignacio, ¿tú pusiste la foto de mi papá en la barra?” “No”. Y qué loco, qué loco. Siempre me va a seguir marcando la vida, pero aquí siguen, me siguen pasando, siguen pasando. También el tema de las luces. A veces Nacho hasta se asusta y me dice “ahorita ni empieces”.

DB: ¿Eres medio bruja o qué?

OG: soy medio bruja. Lo de las luces es que cuando recién se murió mi papá, yo empiezo, te digo, leí un libro que se llama Francesco, que a lo mejor puede sonar a autoayuda y lo que tú quieras, pero creo que para las personas que estamos pasando por momentos así es un libro hermoso. Y entonces en Francesco decía que las almas cuando empiezan a transicionar como que se convierten en energía, y esto lo platicaba en algún momento con alguien, por ejemplo. Me decía “Oka, cuando el agua se evapora no dices que el agua se muere, o sea el agua simplemente cambió su estado físico, entonces ¿por qué decimos que la gente se muere y no que la gente se transformó?” Me decía “yo creo que todos somos energía y simplemente nos transformamos”. Cuando leo Francesco, había un capítulo en el libro que decía que eres energía y entonces tu manera más tonta de comunicarte es a través de las luces, y fue muy cagado, porque a partir de que leo yo eso, empieza a pasar algo rarísimo en mi casa, que es que está aquí mi cama y enfrente teníamos dos luces, y esas luces se empiezan a volver locas, empiezan a parpadear como unas locas. Así yo apagará el interruptor, las luces seguían y seguían y seguían, y entonces en ese momento yo no sé por qué dije “es mi papá, cabrón, es mi papá”. Entonces, Nacho, ya histérico con las luces, le digo “wey, es mi papá, es mi papá”, y entonces Nacho súper miedoso, te lo juro por Dios, al día siguiente el cabrón me mandó a cancelar las luces, en la remodelación mandó a quitar esas luces y a poner otras. Ese día, Diego, ese día que me canceló las luces le dije “no importa lo que haga, mi papá va a seguir encontrando la manera de comunicarse con nosotros, te la vas a pelar hermano”. Wey, te lo juro, nos íbamos a dormir, estábamos ya acostados, por dormirnos y de repente la tele de la sala se prende. Le dije “ahí está”. Entonces ya Nacho, en un pedo de “bueno, está bien, ya te creí, pero no me gustaría que tu papá vea las cosas que yo te hago”.  Sí me pasan cosas bien locas.

DB: ¿Y no te dan miedo?

OG: No, no, al contrario, me da siempre como un nudito en la garganta.

DB: ¿No te pasaba antes de que tu papá falleciera?

OG: Nunca, nunca, nunca, nunca. Y a mi mamá también le pasó en el año donde muere mi papá, la luz también, la luz, la luz, la luz, entonces yo le conté a mi mamá y me dice “es tu papá, está chingue y chingue tu papá”. Entonces yo le cuento de este libro, le dije “es más, léelo”. Mi mamá, a partir de que lee Francesco va y se planta un día, porque dice “me está volviendo loca, Oka, o sea yo apagaba la luz y de repente regresaba y la luz prendida, y yo no puedo estar loca, yo apagué la luz no sé qué”. Entonces dice que un día se plantó en el baño y le dijo “a ver, Guillermo, ya estuvo bueno me estás volviendo loca, tú ya no perteneces a este plano, así es que vámonos a la chingada, te amo, te adoro, pero tú ya no perteneces aquí y nomás me estás asustando así que adiós”. Y si a partir de ese día no se ha vuelto a prender la luz.

DB: Qué loco.

OG: Es muy loco, muy loco, Diego.

DB: Lección más memorable que te han dejado a tus padres.

OG: Eso de no le tengas miedo a la vida creo que compagina mucho con todo lo que mi papá me decía, o sea como que mi papá siempre me decía “como sea le hacemos, mija, como sea le hacemos”. Y es eso, Diego, como sea le haces. O sea, wey cuando tienes la motivación y las ganas, como sea le haces, creo que a veces uno se frustra porque quieres llegar de A a Z, pero no sabes cómo demonios lo vas a lograr, pues si las ganas están, como sea le haces. O sea, es una cosa de confiar en ti mismo, de creértela, de hacerlo, de no quedarte en pensar en hacerlo sino efectuarlo.

DB: ¿Qué te mantiene a ti en el camino adecuado, pensando en si es fe, si es algún tipo de disciplina, alguna cosa que haga que digas “va, vamos a irle dando”?

OG: Yo creo que el hecho de que no sé estadísticamente cuánta gente realmente allá afuera se dedica a lo que ama. O sea, si te pones a preguntarle a alguien que esté atrás de un escritorio qué soñaba de niño ser y a lo mejor te diga “bombero, pero hoy soy godínez”. O sea, cuánta gente en verdad, cuál es el porcentaje de gente que nos dedicamos a lo que dijimos de niños que queríamos ser. Yo creo que esos sueños no cambian, simplemente los abandonamos porque no sé, a lo mejor aterrizamos en la realidad, en creer que eso es imposible o qué sé yo, entonces el hecho de saber que a lo mejor soy una en un millón o no sé, el porcentaje que sea, me hace ser bien agradecida en mis momentos más terribles en los que digo “cabrón, ¿en qué momento decidí que esto era lo que yo quería ser?” Estoy súper agradecida y me enorgullece mucho decir “cabrón, todo lo que he logrado”. O sea, había días en los que en mi depresión decía “qué loco, ¿cuántas veces soñé esto? ¿Cuántas veces lo soñaste? No te estés quejando porque estás deprimida, pendeja. Deprimida no lograrlo, deprimida no intentarlo, deprimida quedarte soñando”. Entonces creo que es eso, siempre recuerdo… Hay un cable que me mantiene a tierra, que es el sueño que comenzó con mi papá y conmigo, el sacrificio que hizo ese señor para que esto se cumpliera y no sé, te digo, yo lo siento muy cerca y sé que él donde quiera que esté sabe que le estoy rompiendo y que todo el sacrificio y todo el esfuerzo valió la pena, entonces eso siempre me recuerda que hay que seguir echándole ganas, que a lo mejor siento que ya lo logré, pero a lo mejor no estoy ni a la mitad del camino, no tengo idea que venga para mí, pero cabrón, todo lo que he logrado ya es demasiado. Soy de Camargo, Chihuahua, donde son 40 mil habitantes. ¿Cuánta gente ahí soñaba con esto y cuánta gente realmente lo logró? Soy una excepción, entonces por ahí va.

DB: De todo lo que has aprendido, tanto en lo personal como en lo laboral, has tenido un montón de aprendizajes. Si tuvieras que quedarte con tres aprendizajes que quisieras tener siempre presentes, ¿cuáles serían?

OG: A no juzgar, creo que es muy fácil generar juicios de valor sobre la gente, pero nadie sabe la batalla que está llevando el otro, entonces no juzgar. No te tomes nada personal, pero sí wey, o sea no te tomes nada personal, si te la vives tomándote todo personal, o sea qué pinche hueva y son cosas que sólo están en tu cabeza. La tercera lección sería… Hay una frase que a mí me encanta que dice “si lo puedes soñar, lo puedes crear”. Y a lo mejor suena muy romántico, pero creo fielmente en eso y me lo he demostrado mil veces. O sea, yo soy muy de decretar y todo. Soy bruja. Leo el tarot, tengo un libro donde decreto, tengo duendes, les pido deseos y todo me lo cumplen, pero creo que es una cosa de… Llámale esperanza, llámale decreto, llámale como quieras, pero yo creo que si lo puedes soñar, lo puedes crear, sin que suene eso como “pinche vieja fumada”. No, cabrón. Sí se puede. Si lo puedes soñar, lo puedes crear. Sólo chíngale. No te va a llegar tan fácil, hermano, no.

DB: Gracias, Oka.